APRENDIENDO A GESTIONAR LOS ERRORES

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El mundial ha llegado. Nos espera un mes lleno de partidos, emociones, alegrías y tristezas. El pasado viernes debutamos en un gran partido contra Portugal al que no le faltó ningún ingrediente. Y entre toda esa combinación de elementos hubo un error de bulto y del que todo el mundo ha opinado durante estos días. Si tú fueras De Gea, ¿cómo gestionarías con éxito esta situación?

LA PRESIÓN DE LA SOCIEDAD DEL FALLO

Imagina que entras en una clase y ves a un profesor completar en la pizarra la tabla del 1. Esto es lo que ha ido escribiendo:

1×1:1

1×2:2

1×3:3

1×4:4

1×5:6

¿En qué te has fijado?, ¿En los 4 aciertos o en el fallo de la última multiplicación? Estoy seguro que focalizaste tu atención en aquello que no era correcto. Pero esto es algo cultural. Al menos en España, damos mucha más importancia al error que al acierto. No solo en el feedback que se da, sino también en toda la parte emocional que lo rodea. Si haces algo bien la sensación te puede durar mucho menos que si recuerdas aquel error que te costó que tu jefe te pusiera la cara colorada por unos momentos. Es triste lo que te voy a decir, pero solo un error puede hacer que se olvide todo lo bueno que se ha aportado, aunque esto último tenga muchísimo más peso.

NO HAY ERROR SIN APRENDIZAJE NI APRENDIZAJE SIN ERROR

¿Recuerdas la primera vez que intentaste hacer una tarea que desconocías? Probablemente tuvieras alguna equivocación que te sirviera para mejorar un determinado aspecto en el futuro. El proceso de aprendizaje implica aprender a dar una serie de pasos que antes no hacíamos. Y ni la persona más lista y adaptable del planeta aprendería cualquier tarea dando unos resultados excelentes desde el primer minuto.

Algo que quiero compartir contigo, y que lleva a que la gente cometa errores sin mejorar, es la teoría de la incompetencia inconsciente. Cuando estamos en el proceso de aprendizaje podemos atravesar las siguientes fase:

  1. La Incompetencia Inconsciente: La más peligrosa y que muchos cometemos. Aquí haces algo mal y ni si quiera lo sabes.
  2. La Incompetencia Consciente: Aquí has dado un paso imparte, ya sabes que hay algo que mejorar pero sigues haciéndolo erróneamente.
  3. La Competencia Consciente: Haces algo bien, pero para hacerlo necesitas poner tu atención y esfuerzo ya que sino lo haces volverías a equivocarte.
  4. La Competencia Inconsciente: Esto es la gran maravilla, con mucha práctica conseguirás hacerlo tan bien que podrás poner el piloto automático y centrar tu atención en otros elementos.

La moraleja de esto es que es obligatorio tomar conciencia y practicar para mejorar aquello en lo que te equivocas.

LAS 3 C: LAS CAUSAS DEL ERROR

A continuación, intentaré resumir brevemente las principales razones por las que fallamos y algún remedio que podemos aplicar para no tropezar nuevamente en la misma piedra:

  • CONOCIMIENTO: En el ámbito laboral es obligatorio sobrevivir a múltiples situaciones que se dan cada día. Pensamos que podemos sobreponernos sin problemas a la mayoría de ellas, ya que contamos con herramientas para obtener toda la información que necesitemos en el menor tiempo posible. Sin embargo, que las respuestas estén accesibles no significa que sean las correctas y aunque la iniciativa sea muy valorada, es bueno preguntarse si sabemos hacer algo. Por ello, antes de hacer una tarea es bueno que te plantees si sabes bien lo que tienes que hacer y a quién debes consultar si surge algún imprevisto a la hora de realizarla.

 

  • COMUNICACIÓN: Sin duda alguna el gran área de mejora profesional de la mayoría de organizaciones. Hacerlo bien es complicado porque depende de ambas partes. No solo implica decir sino escuchar y entender bien el mensaje. Hay una gran cantidad de errores que se cometen por ese gap que se produce entre quién da la orden y lo que la otra parte entiende. Ante estas situaciones, es bueno que realices todas las preguntas posibles a la persona que te ha echo un encargo y que vayas comprobando si los pasos que realizas son aquellos que esperan de ti. Si eres tú el que has delegado, es importante hacer el esfuerzo de descubrir si la otra persona ha entendido bien aquello que esperabas de ella. Dar algo por sentado es la peor de las cosas que puedes hacer.

 

  • CONCENTRACIÓN: Hay tantas horas que se trabajan que es imposible tener la atención correctamente focalizada. Y cuando aparece el cansancio también lo hacen los pequeños despistes que pueden conseguir que un gran trabajo se vea como los 2 o 3 fallos tontos que cometiste. Por ello, es bueno hacer una pausa o continuar con aquello que haces en otro momento. No dudes en pedir a algún compañero o responsable que pueda revisar lo que has hecho por si ha detectado alguna incidencia que tú no vieras. Además, en momentos en los que no te puedas concentrar, intenta hacer aquellas tareas en las que no sea algo crítico el equivocarte. Y por último, antes de ejecutar una función, dedica unos minutos a comprobar que todo esté bien.

LO MÁS DIFÍCIL: LA GESTIÓN EMOCIONAL DEL ERROR

Mi primera recomendación es que no trates de ocultar si te has equivocado. Muchas veces la primera reacción ante un fallo es echar balones fuera y culpar a la situación y otros elementos que han podido contribuir a que se diera esta situación. Si no haces este ejercicio, difícilmente podrás mejorar, ya que no pones la responsabilidad en lo que controlas, es decir, en lo que tú haces, al transferirla a los demás. Por ello, lo primero es asumir que no has hecho las cosas bien y disculparte con aquellas personas que estén involucradas en aquello que has realizado.

Lo segundo, es no darle vueltas a las emociones negativas que inundan tu mente. Te has equivocado, eso es así, pero no dejar de pensar en lo mal que te sientes no ayudará a que puedas mejorar. Debes concentrarte en descubrir qué ha pasado. ¿Ha sido tu precipitación?, ¿Tu falta de conocimiento?, ¿Tu falta de ganas?. Es fundamental que detectes cuál ha sido el motivo. Si no consigues hacer pide feedback a las personas con las que trabajas, ya que la mayoría de las situaciones se ven con mayor facilidad desde fuera.

Por último, fija un plan de acción de lo que harás diferente para poder acertar la siguiente vez que vuelvas a hacer esa misma tarea. Enfoca tu mente en hacerlo bien y no te concentres en pensar que volverás a equivocarte. No es sencillo hacerlo, pero si sabes qué tienes que cambiar es tan simple como concentrarte en ello.

Y nunca olvides, que por muy bien que hagas algo siempre podrás equivocarte. ¿Lo importante? Hacerlo en aquellas cosas que tengan la menor relevancia posible. Ante los errores las ganas de mejorar.

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